Traducción de la Nota del Editor

Este libro se ha publicado a precio de coste y exclusivamente para que los beneficios se destinen a los Cuáqueros en su ayuda a los niños en España, donde millones de ellos están desnutridos o se mueren de hambre.

Como la venta de este volumen salvará muchas vidas, no necesitamos disculparnos por la falta de modales al pedirle al público que recomiende este libro. Sus méritos consisten no sólo en el prólogo del señor Huxley y en la publicación de una colección única de documentos nunca antes vistos;sino también en que cuando se entrega a un niño puede recordarle que hay millones de niños infelices en España y enseñarle a apreciar su propia buena suerte, que la considera como una cosa natural.

Las ilustraciones han sido organizadas en lo que podríamos llamar una progresión cronológica en cuatro partes, a las que se añade una miscelánea.


– Primera parte: la impresión general de los niños sobre la guerra (láminas 1-7).
– Segunda parte: una serie de dibujos que ilustran bombardeos (láminas 8-24).
– Tercera parte: un ciclo de imágenes que muestran la huida del peligro. Trenes, camiones, barcos de vapor, botes de remos, carros de bueyes, mulas o sus propios pies llevaron a los niños a lugares más seguros (láminas 25-36).
– Cuarta parte: La vida de los niños, una vez que están en hogares o colonias en España o Francia (láminas 37-49).
– Quinta parte: temas heterogéneos (láminas 50-60).

Los 60 dibujos fueron seleccionados casi al azar, sin prestar especial atención a su valor artístico. Son páginas autobiográficas de diarios que no se guardan. Como la Península Ibérica ha dado al mundo a sus pintores más originales, la capacidad de los niños españoles contemporáneos para el arte pictórico no es inferior a la de otros países. No se puede negar una habilidad especial para la perspectiva. Aquellos que conocen España se encontrarán rápidamente en casa al echar un vistazo a estas ilustraciones, y aquellos que no hayan estado allí sentirán intuitivamente que la atmósfera de los paisajes y la arquitectura rural o urbana han sido bien captadas.

Como señala el señor Huxley, los niños españoles tienen la enorme desventaja de no tener el material adecuado con el que trabajar. Incluso los pintores profesionales en España en este momento se quejaron con el escritor de la falta de buenas pinturas, lienzos, lápices y pinceles. Los niños generalmente tienen que usar pequeños trozos de papel de calidad inferior, mientras que la experiencia demuestra que los talentos de un niño tienen su mayor alcance solo cuando cuentan con un espacio adecuado, de ahí la superioridad de las pinturas murales de los niños sobre sus dibujos. Los estómagos vacíos, los dedos congelados son otras desventajas.

Los pies de foto son a menudo obvios, pero quizás tan útiles como las notas explicativas debajo de las reproducciones de pinturas incluso en muchos libros eruditos de arte. Por ejemplo, en la lámina 40, solo el observador más paciente notaría las alegres diabluras de la clase de los más pequeños y apreciaría el humor del dibujo. Los subtítulos entre comillas dan una representación textual de las inscripciones de los niños, reproduciendo sus expresiones verbales incómodas, indefensas y en ocasiones rebuscadas. Sus dibujos son más elocuentes que sus palabras, mejor que su sintaxis.

Uno de los grandes psiquiatras infantiles de este país señaló que estos dibujos carecían de la morbosidad que a menudo se puede ver en los dibujos infantiles de las grandes ciudades americanas. También observa que hay pocos dibujos de comida, tema tan frecuente entre los niños que viven una vida normal. En tiempos normales los niños españoles también pintaban salchichas y jamones. También pintaban trenes que no estaban destinados a la evacuación, y aviones que transportaban correo y pasajeros.

Cuando los dibujos de los niños españoles se exhibieron públicamente por primera vez, las preguntas sobre cómo se recopilaron se hicieron con tanta frecuencia que una breve respuesta anticipada no parece fuera de lugar. El escritor, cuando estuvo en España hace seis meses, solicitó algunos dibujos a la Junta de Educación, y en pocos días fue desbordado con cientos de ellos, procedentes de escuelas de Madrid. En Valencia se produjo la misma situación. Queremos expresar nuestro agradecimiento a las autoridades de Madrid y Valencia por su ayuda. También a la señorita Margaret Palmer, representante del Instituto Carnegie en España, que nos envió una gran cantidad de dibujos de centros de refugiados para niños
españoles en Francia. Y a Bruce Blivin, de cuyos artículos sobre dibujos de niños españoles hemos tomado prestado, con su permiso, el título de este volumen. En nombre de los niños españoles, expresamos nuestro agradecimiento a Aldous Huxley por su más que generosa contribución.

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